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Con 21 años, Clarita cursaba Facultad de Medicina y oficiaba de secretaria en el escritorio de negocios rurales de sus hermanos Ignacio y Joaquín, cuando fue tentada para conducir un programa de televisión de información agropecuaria. Por presencia y por soltura, pero por sobre todo por lo que irradiaba, le fueron surgiendo nuevas oportunidades en los medios, por lo que decidió darle un giro a su vida y cambió Medicina por Comunicación. Su trayectoria señala que tras Tiempo de Campo, llegó la conducción de Cuatro Estaciones y Vamos, todo en Canal 5. Fue enviada a cubrir notas internacionales de Columbia Pictures y RBS en Los Ángeles, San Francisco y Canadá y así entrevistó a figuras del espectáculo y de la cultura como Antonio Banderas, Catherine Zeta Jones, Emma Thompson, Dustin Hoffman y a otros más cercanos como Mario Benedetti, Ricardo Darín o Rita Lee. Junto a Juan Sader y más acá en el tiempo, con Adela Dubra, hizo historia en Radio Sarandí conduciendo Viva la Tarde, sumándose como columnista de espectáculos a los programas Hola Vecinos y Arriba Gente de Canal 10. En 2011 debutó en teatro en la obra Estoy sola porque quiero, comedia dirigida por Omar Varela, y una segunda obra, solicitada por Roche con el mismo director, Los mismos ojos, la misma mirada. Junto con Nidia Telles relatan la historia de madre e hija afectadas por cáncer de mama, precisamente su enfermedad. También condujo eventos empresariales, transmisiones televisivas del premio Óscar o elecciones de certámenes de belleza, y recibió reiterados premios tanto por su elegancia como por sus trabajos periodísticos. A los 27 años, luego de vivir una existencia feliz, plena e intensa —única hija mujer de una familia donde padres y hermanos varones le dieron siempre todo su amor y con un marido que fue, como ella decía, “el primer y único hombre de mi vida y al que cada día quiero más”—, Clarita descubrió que no todo era bueno en la vida. Que también había dolor, como ese que sintió un día jugando al tenis. “Toda mi vida había viajado con mis padres y mis hermanos hacia diferentes partes del mundo, por lo que el aeropuerto y los aviones fueron siempre parte de mi vida. Pero un día tuve que abordar uno sin saber si un día iba a poder volver junto a mis seres queridos”. Palabras más, palabras menos, así contó en el libro Historias del Aeropuerto de Carrasco lo que fue el inicio de un viaje bastante más extenso que el vuelo que la llevó a tratarse en Estados Unidos y que, en primera instancia, pareció terminar con final feliz. Con el paso del tiempo y su enriquecimiento personal, Clarita fue ganando simpatía y cariño como pocas personas en el ambiente artístico uruguayo han podido nunca lograr. Su enfermedad y la forma en que la abordó públicamente en los medios, reuniéndose con grupos de personas con cáncer y hasta exponiéndola en su libro (Vivir con él, 2011) y que la ayudó "a ser mejor", tal como ella aseguró, generaron unanimidades en cuanto a admiración y respeto. El libro le devolvió “una ola inmensa de gente diciéndome que le ayudó, a ellos o a amigos que pasaron por lo mismo que yo”, dijo en una de sus últimas entrevistas, en la revista Portones, del shopping de igual nombre. Y agregó: “A la muerte yo no le tengo miedo. A todos nos va a tocar, todos nos vamos a morir y qué día será, eso lo sabe solo Dios”. Valiente, como siempre y con un pronóstico de vivir con cáncer muchos años según los médicos de Estados Unidos, le plantea a Daniel Cuqui Yaquinta que quiere ser madre. Así llegaron los mellizos Guadalupe y Salvador. Sus actividades se circunscribieron a vivir ese último año plenamente con sus hijos, a seguir escribiendo y a disfrutar, cada día y cada momento, de su familia. Su ejemplo de lucha, su trabajo de difusión para ayudar a quienes sufren y pelean contra el cáncer es lo que le da cuerpo y alma a la Fundación que quiere continuar con su tarea.
SOBRE CLARITA
Por siempre Clarita
Por Javier Pastoriza
María Clara Berenbau Giuria, Clarita por siempre, falleció el 24 de abril de 2013. Tenía 32 años. Dio una dura batalla al cáncer y, a pesar de lo que puede parecer, lo derrotó de la mejor forma posible: perpetuándose a través de sus hijos Guadalupe y Salvador y por su inquebrantable acción para informar y animar a quienes sufren cáncer.




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